Propuestas por la Terra Chá. Uno de mis itinerarios favoritos de Galicia

Texto y fotografías: María Berini Pita da Veiga

Reproduzco en esta entrada mi artículo publicado por la revista online A Revolta en Febrero 2016, al que añado nuevas fotografías y algunos apuntes sobre el Castro de Viladonga, Meira y Mondoñedo.

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Flor en el Castro de Viladonga

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Puede resultar extraño que una de mis zonas favoritas de Galicia sea la — aparentemente— sosa y anodina Terra Chá, esa enorme llanura en pleno corazón de la provincia de Lugo. Lo puede parecer porque, como ya he mencionado en algunos artículos, Galicia posee una variedad patrimonial y natural inmensa. ¿Por qué escoger una simple llanura cuando tenemos fabulosos parajes naturales —costeros como A Costa da Morte o montañosos como O Courel— e importantes villas y ciudades con destacado patrimonio monumental —es el caso de Compostela, Ferrol, Ribadavia, Betanzos o Monforte—? Pues la razón es bien sencilla: porque la Terra Chá y sus alrededores nos ofrece toda esa enorme variedad en sus escasos 2000 km cuadrados de superficie.

La finalidad de este artículo es ofrecer al lector una serie de alternativas para visitar la chaira lucense. Incluyo dentro de la Terra Chá municipios colindantes como Mondoñedo o Meira, dada su proximidad y las posibilidades que ellos ofrecen.

De nuevo acudo —como en otras ocasiones— al gran Otero Pedrayo y su fabulosa Guía de Galicia (1926), para destacar la singularidad de la chaira lucense. En el capítulo Estética del paisaje, refiriéndose a toda Galicia señala el ourensano: “Paisajes de sierra, de montaña, de bocarribeira, de valle, de costa, combinan con diverso acento (…)”. Es por ello que, dada la enorme variedad geográfica que podemos encontrar en nuestra tierra, destaque sobremanera entre valles, montañas y costas, la singular Terra Chá: “(…) vasta planicie ondulada (…), altura media de 400 metros (…) se limita (…) entre las lentas aguas del Miño inicial y el Tamboga”.

Es probable que no esté al alcance de cualquiera el poder valorar esta singularidad. Sea cual sea el motivo que impida tener la sensibilidad suficiente para apreciarla, quizá convenga volver a citar a Otero, el cual, al referirse a Galicia en su conjunto, recomienda: “No se le busque como parque de recreo, o con sentimientos y afanes de turismo. Hace falta un espíritu peregrino para sentirlo y sorprender una belleza recóndita que pocas veces se acompasa con el concepto de lo bonito, de lo tranquilizador, que se busca en los bellos paisajes”.

La Terra Chá ofrece multitud de posibilidades para todos los gustos:

– Para los amantes de la naturaleza, dos destinos. El primero, la Lagoa de Cospeito, uno de los humedales más destacados de Galicia. Incluida dentro del área geográfica de la Reserva de la Biosfera Terras do Miño (UNESCO, 2002), destaca por su variada flora y fauna. Junto a uno de los accesos a la laguna se levanta un Centro de Interpretación, con paneles informativos, así como un amplio mirador. El segundo, el Pedregal de Irimia, lugar de nacimiento del río Miño, el más importante de Galicia, el cual después de nacer en O Pedregal junto a la Sierra de Meira recorre toda la Galicia oriental hasta verter sus aguas a A Guarda (Pontevedra), sirviendo su desembocadura de frontera natural con Portugal. El nacimiento del rió Miño fue motivo de polémica durante muchos años; en la actualidad se considera la tesis mencionada como la definitiva, descartando algunas teorías que barajaban la posibilidad de que el río naciese en la laguna de Fonmiñá, dentro del vecino concello de A Pastoriza.

– Para los amantes de la arquitectura, otras dos opciones: Mondoñedo y Meira. De Mondoñedo, tierra natal del gran Álvaro Cunqueiro, destaca no sólo la Catedral —epicentro de la diócesis que lleva el nombre del municipio, presenta variedad de estilos, desde el románico hasta el barroco— sino ese aire lúgubre y misterioso, que bien podría hacer de la villa el escenario de una novela negra. En Mondoñedo está ambientada la leyenda de O Pasatempo, aquella que narra la ejecución del Mariscal Pardo de Cela allá por el siglo XV. Famosa es también su tarta, la tarta de Mondoñedo, que popularizó el singular repostero Carlos Folgueira, conocido como O Rei das tartas. En el extremo oriental de la chaira se encuentra la villa de Meira, cuya importancia se encuentra vinculada al antiguo monasterio cisterciense de Santa María de Meira, fundado aproximadamente en el siglo XII. Del antiguo monasterio sólo se conserva intacta la solemne Iglesia, fiel al espíritu austero de la Orden del Císter, tanto en su interior como en el exterior. Sensacionales son los herrajes de la puerta (del siglo XII) y el rosetón de la fachada. El resto de estancias han desaparecido; únicamente pueden verse vestigios de lo que fuera el claustro procesional en los arcos adosados al muro derecho de la Iglesia. Destaca también el edificio Consistorial donde antiguamente se situaba la portería, de cuerpo renacentista y fachada del siglo XVII y XVIII.

– Para los apasionados de la Historia, la Terra Chá ofrece uno de los castros más impresionantes de Galicia: el castro de Viladonga. La visita al castro se completa con el Museo Arqueológico situado junto al mismo. El conocido arqueólogo gallego Chamoso Lamas dirigió las primeras excavaciones en la década de los 70. El castro de Viladonga destaca por ser, como señala la página web oficial del Museo, “un verdadero modelo formal de castro del Noroeste” con muralla, foso, antecastro y viviendas articuladas alrededor de diferentes calles. Vale la pena subir hasta el perímetro del castro —de mayor altitud, por cuestiones defensivas— y observar las maravillosa vistas panorámicas del mismo. El Museo, repartido en varias salas, ofrece exposiciones permanentes y temporales, así como actividades para niños. También se pueden adquirir publicaciones y objetos de recuerdo en la pequeña tienda que comparte mostrador con la recepción.

– Para los que busquen un ambiente, digamos, más urbano, la capital de la Terra Chá, Vilalba, permite bien dar una vuelta por alguna de sus tiendas como pernoctar, comer o simplemente dar un paseo alrededor del Torreón de los Condes de Andrade —antigua Torre del Homenaje del Castillo de los Andrade—, en la actualidad Parador de Turismo. También en Vilalba se sitúa el Área Recreativa de A Magdalena, con merendero y playa fluvial, así como pistas de tenis y piscina.

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Castro de Viladonga

La Terra Chá forma parte de ese grupo de lugares a los que siempre vuelvo. Mi itinerario favorito es el que comienza en el castro de Viladonga, pasa por la iglesia del antiguo monasterio cisterciense de Meira y termina en la villa de Mondoñedo.

El castro de Viladonga, como ya mencionaba antes, es uno de los más representativos de Galicia. Se trata de un castro romanizado, de la etapa galaico-romana, es decir, de aquellos en los que se mantuvo la ocupación durante varios siglos tras la invasión de la Península Ibérica por el Imperio Romano. El museo adyacente exhibe dos torques de oro macizo encontrados en Sarria y dispone de múltiples paneles explicativos —algunos de ellos muy visuales e interactivos— sobre la vida castreña. La vestimenta, las armas y las herramientas, las actividades de ocio, la moneda… son algunas de las temáticas abordadas, las cuales permiten aproximarnos a la vida cotidiana de nuestros antepasados castreños. La singularidad del castro de Viladonga frente a otros similares es que en éste, por su tamaño, se pueden distinguir todas las partes típicas de estos asentamientos. La tranquilidad que se respira hace de la visita un plan muy agradable, junto con el entorno natural, ya que la acción del hombre no ha descontextualizado al castro —como sí ha ocurrido, desde mi punto de vista, con el Dolmen de Dombate—.

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Castro y Museo de Viladonga

En Meira, junto con el nacimiento del río Miño en el Pedregal de Irimia, es visita obligada la iglesia del antiguo monasterio cisterciense. Se trata de una joya del último románico que se conserva prácticamente intacta. Vale la pena detenerse en: el rosetón de la fachada —¡¡precioso!!—, los herrajes de la puerta, los arcos y las bóvedas de las naves en el interior y los restos de los dos antiguos claustros —del más antiguo se aprecian en un muro muro lateral del templo y del renacentista un ala se ha reconstruido dentro de la hoy Casa Consistorial—. El cenobio de Meira —fundado ex novo en el siglo XII— fue uno de los más poderosos de Galicia, donde, además, se instaló un Colegio de Artes y Filosofía durante la Edad Moderna. Desgraciadamente, en el siglo XIX la desamortización de Mendizábal acabó con la vida monástica de Meira y hoy en día tan sólo ha sobrevivido íntegra la iglesia, que funciona como parroquia. Sobre los monasterios del Císter de Galicia preparo un trabajo del que ya he hablado en esta entrada (click).

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Nacimiento del río Miño en O Pedregal de Irimia,en la sierra de Meira

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Rosetón, herrajes, claustro renacentista y restos del primitivo claustro de Meira

Por último, en el podio de mis favoritos de la Terra Chá está Mondoñedo. Cuna del genial Cunqueiro —al que le dediqué esta entrada (clik)— y de otros intelectuales, es escenario de leyendas históricas como la de A Ponte do Pasatempo y el Mariscal Pardo de Cela —ambientada en el barrio dos Muíños y en la plaza de la Catedral—, o las de la Cueva del Rey Cintolo. Sobre las leyendas que tienen lugar en la villa escribiré una entrada en el futuro.

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Escultura homenaje a Cunqueiro junto a la Catedral en su Mondoñedo natal

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Ponte do Pasatempo y barrio dos Muíños en Mondoñedo

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Rosetón de la Catedral de Mondoñedo desde el interior

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Museo catedralicio de Mondoñedo

Pero Mondoñedo debe su importancia a la diócesis. El origen de la misma lo encontramos en el siglo XII, cuando a Mondoñedo se traslada la sede procedente de Foz, en concreto de la iglesia de San Martiño de Mondoñedo. Este templo fue una de mis visitas durante la última etapa de la Ruta Norte 2016 (click). En el siglo XII adquirió también la categoría de ciudad y con el tiempo llegó a ser, incluso, capital de una de las antiguas siete provincias de Galicia. Los tres monumentos más importantes son la catedral de la Asunción, el Real Seminario Conciliar de Santa Catalina —imponente edificio del siglo XVIII— y la Fonte Vella —construcción del siglo XVI—. Mondoñedo puede presumir, además, de celebrar las fiestas más antiguas de Galicia, las de as San Lucas, con más de 800 años de historia.

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Fonte Vella y Catedral de Mondoñedo

Un vínculo familiar sentimental me une a Mondoñedo, pues en el claustro de la catedral está enterrado don Gabriel Pita da Veiga, vicario general de la diócesis de Mondoñedo hasta su muerte en 1976. A pesar de que yo no lo conocí, fue una persona muy especial para mi madre y para toda su familia. También para la mayoría de sus feligreses, ya desde sus tiempos como párroco en diferentes lugares de Galicia. Un referente de humildad y pobreza, que no aspiraba a cargos —los aceptaba muy forzosamente— ni disfrutaba de ningún bien material —todo lo regalaba—. Despertó la espiritualidad de muchas personas, incluida la del cardenal Rouco Varela, quien siempre ha dicho que su vocación eclesiástica se debe exclusivamente a don Gabriel. El último adiós lo recibió en la Catedral, dentro del féretro más humilde del mercado por expreso deseo suyo, rodeado de cientos de personas. La Voz de Galicia le dedicó este artículo hace unos años (click).

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Lápida de don Gabriel Pita da Veiga en el claustro de la Catedral de Mondoñedo

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