Escenarios de la literatura (III): Miguel Delibes y mi amor por Castilla

Texto y fotografías: María Berini Pita da Veiga

En el año 2010, pocos días antes de coger las maletas y poner rumbo a Salamanca para estudiar en su universidad, mi padre me regaló dos libros. Han sido una constante a lo largo de los años sus regalos —casi siempre en forma de libro— con el fin de que mis viajes y estancias fuesen realmente significativas. Y es que si algo admiro de él es su capacidad de haber mantenido un espíritu romántico con notas de sensatez y sentido común. Entiende él que una estancia no es estancia si uno no consigue entender dónde está; un entendimiento profundo imposible de alcanzar sin adentrarse en la historia y las costumbres del lugar.

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Por eso, aquel verano a punto de terminar, mi padre puso en mis manos un libro de Miguel Delibes: “Castilla, lo castellano y los castellanos”. Editado por Planeta, se trata de un rara avis dentro de la obra del vallisoletano —fundamentalmente novelista— por ser un ensayo.

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En la introducción del libro, titulada “Castilla hoy”, Delibes cuenta cómo surgió la obra. Cuando un editor le encargó que escribiese un ensayo sobre Castilla, declinó inicialmente la invitación —aunque gracias a Dios, acabó por aceptar el reto— alegando lo siguiente:

«Un ensayista es un hombre de ideas, un hombre que profundiza en un tema desde posiciones, digamos, teóricas, o, quizá más exactamente, filosóficas, y ese no era mi caso»

Castilla, lo castellano y los castellanos. Miguel Delibes

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En esa misma introducción generalista y entrando ya más en cuestión, Delibes se desmarca del mito de la Castilla centralista y dominadora y del castellano enorgullecido de ser castellano. Señala el escritor que esto, sin embargo, no excluye de la existencia de un idioma, unas costumbres, una cultura, un paisaje y una forma de vivir.

«A rescatarlos, a subrayarlos va encaminado este libro, que, repito, no es un libro de ideas, sino un libro sobre hombres y cosas humildes que nos hablan de una Castilla maltratada pero que, pese a los últimos y pocos optimistas avatares no han enajenado aún su personalidad»

Castilla, lo castellano y los castellanos. Miguel Delibes

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El ensayo se divide en veinte capítulos, cada uno sobre una temática diferente —como el paisaje castellano, la religiosidad o la filosofía socarrona—. Pero lo especial es el contenido de cada uno de ellos, la manera tan particular en la que el escritor aborda la cuestión: I. En letra cursiva, comentarios y aclaraciones sobre el tema II. Sin letra cursiva, fragmentos de sus obras donde se ponen de manifiesto las particularidades castellanas comentadas.

«Ancha es Castilla, reza un viejo y acreditado aforismo. Pero […] Castilla , antes que ancha —o además— es varia y diversa»

Castilla, lo castellano y los castellanos. Miguel Delibes

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Un maravilloso esquema que permite conocer la visión que de su tierra tenía el escritor vallisoletano. Nadie en el siglo XX habló de Castilla como lo hizo él, desde el profundo conocimiento tras toda una vida habitando sus lugares. Premios como el Miguel de Cervantes (1993), el Príncipe de Asturias de las Letras (1982), el Nacional de las Letras españolas (1991), un Nadal (1947) y dos Nacionales de Narrativa (1955 y 1999) reconocieron su talento como escritor. De entre sus obras más conocidas, La sombra del ciprés es alargada, Las ratas, Los santos inocentes, El disputado voto del señor Cayo, El príncipe destronado, El camino o Cinco horas con Mario. Sobre estas dos últimos tengo los recuerdos más sustanciosos: el primero lo leí cuando todavía era una preadolescente sin demasiadas inquietudes, y el segundo, ya como adulta.

«Le gustaba al Mochuelo sentir sobre sí la quietud serena y reposada del valle, contemplar el conglomerado de prados, divididos en parcelas […]»

El Camino. Miguel Delibes

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Hay algo en en Delibes que siempre llamó mi atención y que pronto me convirtió en admiradora suya: la aparente sencillez de sus temáticas y su manera de escribir cercana, accesible para cualquiera. Y es que yo siempre he pensado que existen dos tipos de genios: los que consiguen algo único e inigualable y los que saben hacer de lo sencillo algo muy grande. Delibes es de estos últimos.

«— Y, ¿ha pensado usted qué va a votar?

El señor Cayo introdujo un dedo bajo la boina y se rascó ásperamente la cabeza. Luego, se miró sus grandes manos, como extrañándolas. Murmuró al fin:

—Lo más seguro es que vote que sí, a ver, si todavía vamos a andar con rencores…»

El disputado voto del señor Cayo. Miguel Delibes

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Me resulta difícil describir lo que de Castilla me enamoró desde las primeras veces que la pisé. Recuerdos de mis estancias y viajes —de los mejores de mi vida— y ese sentimiento de estar a gusto —que pocos lugares me han proporcionado— son prueba de ello. Ciudades como Zamora, Ávila o Salamanca forman parte de mi lista de destinos favoritos, esos que consiguen, durante el viaje y hasta que pongo un pie en ellos, que una ilusión desbordante me revuelva el estómago. Es para mí Castilla un lugar de pasado glorioso, desbordante de historia, convertido hoy en tierra de pueblos y ciudades tranquilas; un lugar donde vivir dos veces, donde saborear cada plan y disfrutar del placer de un buen paseo.

«La cigüeña casi siempre inmigraba a destiempo […]. En la cuenca existía desde tiempo el prejuicio de que la cigüeña era heraldo de la primavera, aunque en realidad, por San Blas, fecha en que de ordinario se presentaba, apenas iba mediado el duro invierno de la meseta. El Centenario solía decir “En Castilla ya se sabe, nueve meses de invierno y tres de infierno”. Y raro era el año que se equivocaba. […] Bajo el campanario se tendía el pueblo […]»

Las ratas. Miguel Delibes

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El Camino de Miguel Delibes consiguió que en mi cabeza adolescente se grabase una imagen representativa de Castilla que a día de hoy todavía no he borrado: la de las cigüeñas en lo alto de un campanario rompiendo el silencio del lugar con su crotoreo.

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Grandes maestros de la filosofía y la literatura española manifestaron su pasión por Castilla, como Ortega y Gasset y Unamuno, a los que tanto admiro. Sin embargo, parece que a día de hoy, esa imagen de Castilla seca, aburrida y monótona que criticaba Delibes en el ensayo es la más extendida en el resto de España. Un opinión que difícilmente compartiré yo algún día, como enamorada de Castilla hasta las trancas que soy.

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