Escenarios de la literatura (II): vida y obra de Valle-Inclán

Texto y fotografías: María Berini Pita da Veiga

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Tras el Oviedo de la Regenta, continúo la serie Literatura y viajes con este humilde homenaje al escritor gallego Valle-Inclán; un brevísimo repaso por su vida y sus obras desde la óptica de las ciudades que la marcaron.

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Probablemente si alguien nos mostrase un retrato de Espronceda, Pérez Galdós o Machado, muchos de nosotros no sabríamos identificar quién es el personaje retratado. No ocurriría lo mismo si, en su lugar, nos enseñasen una fotografía de Ramón María del Valle-Inclán; automáticamente reconoceríamos al escritor gallego al grito de «—¡Éste sí! Éste es Valle-Inclán». Su extravagante atuendo y, sobre todo, su particular comportamiento crearon un personaje que, para el gran público, superó al propio escritor y a su obra.

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«Todas mis esperanzas están puestas en un libro que publicaré dentro de algunos días […]. Seguramente se venderán algunos centenares de miles, y con el dinero que me dejen, pienso […] comprarme un elefante blanco, con litera dorada, para pasearme por la Castellana»

Entrevista a Valle-Inclán en el periódico madrileño El Globo. 1904

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Ramón María del Valle-Inclán, cuyo verdadero nombre fue Ramón Valle y Peña, nació en el municipio pontevedrés de Vilanova de Arousa, localidad bañada por la ría de mismo apellido, en 1866. El escritor arousano llevó una vida bohemia entre varias ciudades, dentro y fuera de Galicia, e incluso fuera de España. Regresó en innumerables ocasiones a su tierra gallega, siendo Pontevedra, Santiago, Cambados y la comarca del Barbanza los lugares donde más se le recuerda. En la Plaza de Méndez Núñez de Pontevedra y en el Parque de la Alameda de Santiago de Compostela encontramos dos de las esculturas que mejor lo han caracterizado en Galicia. En Pontevedra cursó estudios durante su juventud y allí escribió su primera obra, Femeninas (1895). En la Universidad de Santiago de Compostela estudió Derecho por empeño de su padre, carrera que abandonó a la muerte de éste.

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«Don Ramón era gallego, como yo. Era de la Ría de Arosa, como yo […] Don Ramón del Valle-Inclán era un hidalgo. Un hidalgo gallego. O más concretamente: un hidalgo de la Ría de Arosa. Y los hidalgos arosanos son la flor de la locura gallega. Es una casta de hombres que pone siempre por encima de las riquezas materiales la imponderable riqueza del espíritu»

Alfonso R. Castelao. Conferencia en La Habana, 1939

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«Don Juan Montenegro, con la escopeta y el galgo, rufo y madrugador, aparece en el huerto de frutales, y se detiene en la cancela. Es un hidalgo mujeriego y despótico, hospitalario y violento, rey suevo en su pazo de Lantañón»

Escena segunda. Cara de Plata.

Galicia está muy presente en algunas de sus obras más famosas. Así, la trilogía teatral bautizada como Comedias Bárbaras —formada por Águila de Blasón (1907), Romance de Lobos (1908) y Cara de Plata (1922)— nos trasladan a la Galicia más arcaica y feudal del siglo XIX. La protagonista es la noble familia Montenegro, presente también en otras obras del escritor. Galicia es tierra de pazos, y por eso no podía faltar uno como escenario principal, en este caso el Pazo de Lantañón (click para saber más). En la foto, un ejemplo de pazo gallego, el Pazo de Mariñán. 

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«Un salón en casa infanzona. Es ya media mañana. Don Juan Manuel pasea de uno a otro […]»

Jornada cuarta. Escena Octava. Águila de Blasón

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«Un camino. A lo lejos, el verde y oloroso cementerio de una aldea. Es de noche, y la luna naciente brilla entre los cipreses»

Jornada primera. Escena Primera.Romance de lobos

Al género teatral pertenece también otra de sus obras más conocidas, Luces de bohemia (1920), el paradigma de un género creado por él mismo, el esperpento, consistente en la deformación grotesca de la realidad. Esta obra tiene como escenario principal la ciudad de Madrid. Valle-Inclán vivió en la capital durante diferentes períodos de su vida, unos más boyantes (ocupó algunos cargos institucionales) y otros de mayor penuria económica. Sin embargo, poco a poco se fue consolidando como escritor, y, a pesar de encadenar bastantes fracasos con algunas de sus obras, gozaba de prestigio literario. Era un asiduo a las diferentes tertulias que se organizaban en los cafés madrileños, donde hacía gala de su particular carácter. En una de esas reuniones acabó peleándose con su amigo Manuel Bueno y, consecuencia de las heridas sufridas, le amputaron un brazo. Fue en 1899, en el Café de la Montaña de la calle Alcalá, cuando Valle-Inclán tenía tan solo 33 años. La figura de Valle-Inclán arrastra siempre la fama de polémico e irascible, aunque quién sabe si su gusto por dar bastonazos tiene algo de real.

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«Una calle del Madrid austriaco. Las tapias de un convento. Un casón de nobles. Las luces de una taberna»

Escena undécima. Luces de Bohemia

A lo largo de su vida Valle-Inclán mostró diferentes sensibilidades políticas, pero si alguna está presente en su vida y en sus obras es el carlismo. Las Sonatas: memorias del marqués de Bradomín —formadas por la Sonata de Otoño (1902), Sonata de Invierno (1905), Sonata de Primavera (1904) y Sonata de Estío (1903)— son su obra maestra y probablemente la más importante de la prosa modernista española. Su protagonista es el Marqués de Bradomín, al que describe como un donjuán “feo, católico y sentimental” y reconocido carlista. Precisamente la Sonata de Invierno transcurre en Estella (Navarra), una ciudad estrechamente vinculada a este movimiento, donde en la actualidad existe un museo sobre el mismo, el Museo del Carlismo. La ciudad se levanta a los pies del Montejurra, escenario del viacrucis anual que desde 1939 rendía tributo a los requetés fallecidos durante la Guerra Civil Española. Sobre Estella, “la Toledo del Norte”, escribí en esta entrada (click para leerla).

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«Yo acababa de llegar a Estella, donde el Rey tenía su Corte. Hallábame cansado de mi larga peregrinación por el mundo. Comenzaba a sentir algo hasta entonces desconocido en mi vida alegre y aventurera, una vida llena de riesgos y azares, como la de aquellos segundones hidalgos que se enganchaban en los Tercios de Italia para buscar lances de amor, de espada y de fortuna»
Sonata de Invierno

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Valle-Inclán murió en Santiago de Compostela en enero de 1936, según recogen las crónicas en un día de lluvia torrencial tan típico de la capital gallega. Se cuentan muchas historias sobre su particular entierro en el cementerio de Boisaca, pero lo que sí es cierto es que todos los periódicos nacionales se hicieron eco de su muerte y que en aquel desapacible día le acompañaron por última vez personas de diferentes signos políticos; anarquistas, falangistas e incluso galleguistas como Alfonso Rodríguez Castelao. A pesar de que Valle-Inclán nunca escribió en lengua gallega, fueron muchos los que como Castelao defendieron siempre al escritor arousano.

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