Escenarios de la literatura (I): el Oviedo de La Regenta

Texto y fotografías: María Berini Pita da Veiga

Hasta el momento, todas las entradas del blog seguían un mismo esquema, el de pequeño resumen sobre el patrimonio artístico de un lugar, entremezclado con aquellas notas históricas relevantes para poder comprenderlo y disfrutarlo. Sin embargo, existen ciertos destinos en los que Arte e Historia no son suficientes para alcanzar ese clímax viajero. ¿Es posible disfrutar de Lisboa sin caminar por sus calles de la mano de Pessoa? Con esta entrada inauguro una nueva etiqueta, la de Literatura y viajes, donde la primera es bien el leitmotiv del viaje, bien ese elemento mágico que convierte la escapada en una experiencia singular a la par que inolvidable.

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«Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo […]»

Capítulo I

Ciudad escenario de la literatura por antonomasia es Oviedo, la Vetusta de Leopoldo Alas “Clarín” en una de las obras maestras de la literatura española de todos los tiempos: La Regenta. Con tintes tanto realistas como naturalistas, sus casi 900 páginas —en la mayoría de ediciones— repletas de descripciones te trasladan a la ciudad provinciana de Vetusta a finales del siglo XIX; una ciudad decadente dominada por la envidia, la hipocresía, el ansia de poder y la falsa religiosidad.

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 «La heroica ciudad dormía la siesta […] Más de media hora empleó el magistral en su observatorio aquella tarde»

Capítulo I

Oviedo no es Oviedo si tu visita no comienza en la Plaza de Alfonso II El Casto, la plaza de la Catedral, y, dirigiendo la vista arriba, compruebas si el temido magistral Fermín de Pas inspecciona la ciudad con su catalejo desde lo alto del campanario.

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«La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne […]»

Capítulo I

la heroica ciudad

«Ana, vencida por el terror, cayó de bruces sobre el pavimento de mármol blanco y negro; cayó sin sentido»

Capítulo XXX

Aquellos que, como yo, se emocionaron con la obra, sentirán un escalofrío durante la visita al interior de la Catedral. Buscarán con ojos de perro sabueso aquel rincón en el que Anita Ozores cayó definitivamente en desgracia, tras un año de duelo encerrada en su caserón. ¿Dónde se desmayó la Regenta tras el desgarrador desaire del Magistral? ¿Dónde fue víctima del desagradable “beso de sapo”? En la capilla del magistral, donde Fermín de Pas confesaba a sus selectas feligresas…

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«Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas. Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo»

Capítulo XXX

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Si la obra maestra de Clarín, con sus geniales descripciones —y largas, muy largas, propias de la literatura de la época— consiguió trasladarte a Vetusta y conocer de primera mano quienes y como eran sus habitantes, esperarás encontrarte con algunos de ellos en sus calles. Lástima, pero siento decirte que no, la ciudad no ofrece al viajero homenaje alguno a la novela más que la escultura de Ana Ozores, La Regenta, en la plaza de la Catedral, obra de Mauro Álvarez Fernández en 1997.

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«Ana bajó a la huerta […] Pero no importaba; ella se moría de hastío. Tenía veintisiete años , la juventud huía […] El amor es lo único que vale la pena de vivir, había ella oído y leído muchas veces. Pero ¿qué amor?, ¿dónde estaba ese amor? Ella no lo conocía»

Capítulo X

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«Obdulia […] Aquella mujer le crispaba los nervios a don Fermín; era un escándalo andando. No había más que notar cómo iba vestida a la catedral»

Capítulo I

Pero si algo tiene la gran literatura es poder evocador, así que en tu mano está perderte por las calles de la histórica Vetusta y tropezar con el desgraciado Santos Barinaga, vociferando borracho en contra del Magistral, el causante de la triste ruina de su negocio. También es posible encontrarse con la poco recatada Obdulia Fandiño despertando los suspiros del ilustrado Saturnino Bermúdez. Cuidado porque a la hipócrita reina del chisme, Visitación la del Banco, no se le escapa una…

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«Era el Espolón un paseo estrecho, sin árboles, abrigado de los vientos del nordeste, que son los más fríos en Vetusta, por una muralla no muy alta […]»

Capítulo XIV

La Encimada, el Paseo del Espolón, el Casino o el Teatro son, junto a la Catedral, los escenarios más repetidos en la novela. Recordarás en Oviedo las poco inocentes reuniones en la casa del Marqués de Vegallana y querrás que en algún teatro se represente Don Juan Tenorio, con la esperanza de ver entre las butacas al astuto Álvaro Mesía, esperando que Ana Ozores se convierta en el nuevo trofeo de su extensa colección. Desearás también ser uno de los invitados al baile del Casino, que por aquel entonces ocupaba el Palacio de Valdecarzana —hoy TSJ de Asturias—.

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«El Casino de Vetusta ocupaba un caserón solitario […] Tres generaciones habían bostezado en aquellas salas estrechas y oscuras […] Vetusta se distinguía por su acendrado patriotismo, su religiosidad y su afición a los juegos prohibidos. La religiosidad y el patriotismo se explicaban por la historia; la afición al juego por lo mucho que llovía en Vetusta. ¿Qué habían de hacer los socios, si no se podía pasear?»

Capítulo VI

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«El Jueves Santo llegó con una noticia que había de hacer época en los anales de Vetusta […] El Viernes Santo amaneció plomizo […]»

Capítulo XXVI

No, no es posible ver a la Regenta nazarena procesionando descalza por las calles de Oviedo, aunque quizá todavía se escuchen los murmullos hipócritas de los vetustentes bien situados en sus balcones. Porque si algo consiguió Clarín en su novela, es que el lector se sienta un habitante más en esa ciudad de provincias decadente, cínica e hipócrita.

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«Don Fermín contemplaba la ciudad. Era una presa que le disputaban, pero que acabaría de devorar él solo. ¡Qué! ¿También aquel mezquino imperio habían de arrancarle? No, era suyo»

Capítulo I

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Para abrir boca…

  • La Universidad de Oviedo, con el apoyo del Ayuntamiento, llevó a cabo un innovador proyecto, la «Ruta Clariniana« para descubrir online la Vetusta de Clarín. Se requiere flash actualizado.
  • Aunque la veda audivisual la abrió la película de Gonzalo Suárez de 1974, RTVE emitió en 1995 una exitosa adaptación de tres capítulos con Aitana Sánchez Gijón como Anita Ozores. Se puede ver online en este enlace.

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