La Cartuja de Miraflores (Burgos), joya de la arquitectura tardogótica española

Texto y fotografías: María Berini Pita da Veiga

Enmarcada dentro de uno de los varios viajes que he realizado este verano, la visita a la Cartuja de Miraflores fue, sin duda, una de las mayores sorpresas que me he llevado viajando en los últimos años. La primera vez que visité Burgos, en el 2016, no pude acercarme a conocer este gran edificio bajomedieval, a pesar de lo mucho que me lo habían recomendado. He cumplido ahora, por tanto, con una visita pendiente, que por méritos propios se ha convertido en uno de los mejores momentos de estas vacaciones, por el gran impacto que me produjo.

A pesar de estar situada a escasos 3 kilómetros del centro urbano, es fácil acabar prescindiendo de esta visita si no dispones de vehículo propio. Una línea de autobuses urbanos de Burgos, bajo petición al conductor, me llevó hasta la entrada del monasterio; no así a la vuelta, ya que debes andar por un camino solitario hasta llegar a la parada. En todo caso, y sin desmerecer la Catedral de Burgos y el Museo de la Evolución Humana, creo que la visita a la Cartuja de Miraflores es un imprescindible si viajas a la capital burgalense, sobre todo si eres un amante de la Historia y del Arte.

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Escultura en honor al fundador, San Bruno, junto al acceso a la iglesia

LOS MONJES CARTUJOS

Antes de entrar a describir el edificio, creo que es necesario detenerse a explicar brevemente la Orden de los Cartujos, para comprender en mayor medida el conjunto arquitectónico. Fundada en el siglo XI (al igual que la Orden del Cister), en el marco de un período de gracia para la vida monástica como fueron los siglos centrales de la Edad Media, esta orden redacta su regla basándose en la primitiva Regla de San Benito (punto de partida y documento clave en la referida vida monástica medieval). Los monjes cartujos son la quintaesencia de la vida monástica contemplativa y austera, de ahí que en muchas ocasiones se utilice de manera coloquial la expresión “vivir como un cartujo”. Diferencial frente a otras órdenes es también el hecho de que los monjes cartujos pasan gran parte de su jornada aislados del resto de la comunidad monástica, preferentemente en su celda, aunque como en cualquier grupo que comparte un espacio vital, existe cierta organización y estructura logística.

La figura más importante de la Orden de los Cartujos fue su fundador, San Bruno, quien comenzó en Francia una vida monástica diferente junto con otros 6 compañeros, gracias al apoyo del entonces obispo San Hugo (ambos personajes aparecen retratados en el famosísimo cuadro de Zurbarán “San Hugo en el refectorio de los cartujos”, expuesto en el Museo de Bellas Artes de Sevilla).

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Aspecto exterior del conjunto, desde la puerta de acceso al mismo

En lo relativo a nuestro país, a pesar de que la primera cartuja española se fundó en territorio catalán en el siglo XII, el único cenobio que ha permanecido ininterrumpidamente en activo ha sido la Cartuja de Miraflores. En la actualidad, además de ésta, siguen funcionando otras tres, de las 21 que llegaron a existir en España.

PASEO POR LA CARTUJA DE MIRAFLORES

La Cartuja de Miraflores es punto clave en la vida de Isabel la Católica. El monasterio fue ordenado construir por su padre, el rey Juan II de Castilla, y se funda oficialmente en el año 1442. El conjunto monástico ocupó las dependencias de un palacio previo, de comienzos del siglo XV, impulsado por el padre del rey Juan II y abuelo de la reina católica respectivamente, Enrique III. El encargado de acometer las obras fue el importante arquitecto alemán Juan de Colonia (quien haya visitado la Catedral de Burgos conocerá las maravillas diseñadas tanto por él como por su hijo Simón).

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Escudos alusivos a la corona en el exterior de la iglesia

Después de unas décadas de parón constructivo, Isabel la Católica impulsa el proceso, y gracias a su apoyo y participación, la Cartuja de Miraflores se convierte en una verdadera joya del patrimonio histórico-artístico. La cartuja siguió gozando de la protección de otros monarcas posteriores: Felipe el Hermoso, Carlos I, Felipe II…

En la visita al conjunto monástico, la iglesia sobresale por encima de todo lo demás, siendo una de las construcciones más destacadas del último gótico en España. Fue construida en en siglo XV, con planta de nave única siguiendo las necesidades litúrgicas de los cartujos. Si en el exterior destaca la sencillez (únicamente rompen la simplicidad los escudos de la portada principal, y los pináculos y gárgolas añadidos en el siglo XVI), el interior es sencillamente asombroso.

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Exterior del conjunto monástico y de la iglesia

Coronada por cinco bóvedas de crucería, donde proliferan escudos y otros detalles, en la nave, nada más entrar, la mirada se dirige al altar, donde se sitúa el impresionante retablo principal y los dos sepulcros, las tres obras atribuidas al escultor Gil de Siloé en el siglo XV.

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Bóvedas y altar de la iglesia conventual

– El retablo mayor está realizado en madera policromada, como ya señalaba, por Gil de Siloé. Dentro del complejo conjunto iconográfico destaca Jesús (Dios Hijo) en la cruz, rodeado de Dios Padre y el Espíritu Santo (resulta curioso su aspecto humano). Vale la pena pasar un rato disfrutando de él, tratando de identificar a todos los personajes y las escenas que nos ofrece este retablo. En él se localizan también, a ambos lados y en actitud orante, los reyes católicos Isabel y Fernando.

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Retablo mayor de la iglesia, obra de Gil de Siloé (siglo XV)

– El sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal (padres de la reina Isabel la católica) es obra igualmente de Gil de Siloé y está realizado en alabastro, formando el conjunto una estrella de ocho puntas. Las figuras del monarca y su esposa aparecen rodeadas de motivos vegetales y representaciones alegóricas, así como alusiones a diferentes virtudes. Isabel de Portugal fue la segunda esposa del rey castellano, y madre de sus dos hijos pequeños, Alfonso y la futura reina Isabel. Tras la muerte de su esposo, supuestamente sufrió una enajenación mental, por lo que vivió apartada de la corte de su hijastro Enrique IV, residiendo en la villa de Arévalo junto a sus dos hijos pequeños. En esa misma villa falleció a finales de siglo, cuando su hija Isabel era ya reina de Castilla.

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Sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal, obra de Gil de Siloé (siglo XV)

– El sepulcro del infante Alfonso de Castilla responde a las mismas características que el anterior: es obra de Gil de Siloé y está realizado en alabastro. Representa al infante en actitud orante, rodeado de diferentes imágenes de santos. La prematura muerte del hermano de Isabel la católica fue un suceso clave en la historia del reino de Castilla. Tuvo lugar en un momento de gran tensión en la corona, ya que por una artimaña de algunos nobles castellanos, el infante fue proclamado rey, enfrentándose al monarca legítimo, su hermanastro el rey Enrique IV, episodio conocido como la “La Farsa de Ávila”. El fallecimiento del infante Alfonso colocó a su hermana Isabel en primera línea del conflicto sucesorio, primero contra Enrique IV y, a continuación, contra su hija Juana la Beltraneja.

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Sepulcro del infante Alfonso, obra de Gil de Siloé (siglo XV)

En el interior de la iglesia destaca también la sillería del coro, dividida en dos grupos principales (una del siglo XV y otra del siglo XVI), junto con otros elementos decorativos de épocas posteriores.

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Sillería del coro y otros elementos decorativos

Una pequeña puerta conduce a un espacio expositivo donde se pueden apreciar importantes obras y objetos, como “La Anunciación” de Pedro Berruguete (siglo XV) y una copia del famoso retrato que Juan de Flandes realizó de de Isabel la Católica en el siglo XV, y que tanto inspiró las representaciones futuras de la reina (tanto en series como en el cine, por ejemplo), además de un curioso bojarte para organizar las misas. Junto a este espacio, la capilla de Santa María de Miraflores, con llamativos frescos del siglo XVII, y una sala adicional con manuscritos y una obra atribuida al pintor impresionista Joaquín Sorolla.

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Espacios museísticos y capilla, junto a la iglesia monástica

Completa la visita al conjunto monástico un pequeño paseo por los patios contiguos a la iglesia, donde se puede ver una escultura del fundador San Bruno y un estanque donde se reflejaban las formas góticas de la iglesia.

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Espacios circundantes a la iglesia

Por ser mi época favorita de la Historia de España y de la Historia del Arte, visitar este monumento tardogótico fue, como señalaba antes, uno de los mejores momentos de las vacaciones estivales. Visita más que recomendable para aquellos que viajen a la ciudad de Burgos.

Página web oficial de la Cartuja de Miraflores: https://www.cartuja.org/

Página web Turismo de Burgos: http://www.turismoburgos.org/

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