Texto y fotografías: María Berini Pita da Veiga
Esta entrada es el resultado de un trabajo personal hecho desde cero. Creando contenidos originales sin copia alguna ayudamos a que Internet no sea un refrito en bucle 😉
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Con cierto retraso por estar ya metidos en el invierno, publico un reportaje que se repite todos los años en esta web, aquel que se hace eco de alguna exposición de otoño, la mejor temporada si de agenda cultural hablamos y uno de mis momentos preferidos del año.
Si al otoño y a la agenda cultural nos referimos, no puede faltar mención a Madrid. Se cuentan casi por decenas los eventos que en la capital despiertan mi interés cuando echo un vistazo a las últimas noticias en Internet. Y con bastante frecuencia estos eventos interesantes tienen lugar en la Biblioteca Nacional de España (BNE). Recuerdo con especial gusto mi visita a la exposición por el centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós en 2020 o la que por el mismo motivo se organizó en 2021 en honor a Emilia Pardo Bazán. Las efemérides relacionadas con escritores españoles son motivo recurrente para la BNE, que bajo ese pretexto diseña muestras retrospectivas de la carrera y la obra de los homenajeados en cuestión. Precisamente por el 25º aniversario del fallecimiento del escritor ferrolano esta institución inauguró la exposición «Gonzalo Torrente Ballester, la travesía de un creador», abierta al público del 18 de octubre al 12 de enero.
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Mariaberini.es tenía una deuda con Torrente Ballester por varios motivos. Por un lado, porque la trilogía «Los gozos y las sombras» es una de mis obras favoritas. En segundo lugar, por el origen gallego del escritor, ya que la cultura gallega es temática principal en esta página web. Y, por último, una cuestión más sentimental relacionada con mi familia: Torrente Ballester fue profesor de mi abuelo en el Instituto de Ferrol y, muchos años después, aún se saludaban durante las estancias vacacionales de ambos en Baiona.
El primer libro que consulté como bibliografía ya llamaba la atención sobre el hecho de que Torrente Ballester, a pesar de ser un escritor famoso, es un autor poco estudiado desde el punto de vista académico. No fue fácil encontrar contenidos rigurosos y variados sobre la vida y la carrera literaria del ferrolano. Pero el objetivo de esta entrada no era publicar un tratado académico, sino dar un pequeño paseo por la exposición a la vez que se repasan los aspectos más relevantes de su figura. Podéis consultar la lista de bibliografía y otros recursos al final del reportaje.
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Gonzalo Torrente Ballester nació en la parroquia de Serantes (Ferrol, A Coruña) en el año 1910. Precisamente la primera parte de la exposición refleja estos primeros años de vida en la ciudad departamental. Torrente fue desde joven un erudito adolescente, en palabras de biógrafos, porque sus desordenadas lecturas adolescentes marcaron todo lo que vino después. En el Centro Obrero de Cultura elegía el joven Gonzalo los libros que posteriormente devoraba. Su pasión, en aquellos años, era el teatro, pero también otros muchos títulos clásicos, de la Filosofía a la novela.
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La literatura se aposentó en mis entrañas como un virus contra el que no caben defensas ni se ha inventado aún la vacuna.
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Lo curioso en la historia de nuestro protagonista en que no existió, en su juventud, una idea vocacional de escritor. Era más bien un afán erudito. Pronto se convirtió en bibliófilo, asistente de conferencias y, en definitiva, un intelectual omnívoro. Sus primeros estudios universitarios los hará en Oviedo, donde colaborará en el periódico «El Carbayón». Se licenció en Derecho e Historia y, a partir de ahí, abrió camino en la enseñanza. Nunca renunció a su quehacer docente, bien fuese por necesidades económicas o por gusto y convicción. Todo este bagaje formativo y profesional va a ser muy relevante en su carrera literaria, porque una característica de su novela fue el aprovechamiento de temas culturales con fines fantásticos, cómicos o meramente ilustrativos.
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Su primer conato literario fue la publicación de la pieza teatral «El viaje del joven Tobías». Al estallar la Guerra Civil, Torrente se encontraba en París disfrutando de una beca con la vista puesta en su tesis doctoral. Regresa a Galicia y se inscribe como falangista. Durante estos años dará clases en el Instituto de Ferrol. La guerra supuso una desorganización de la vida cultural, un fastidio para una persona con sus inquietudes, pero él, idealista y conservador, tiene clara su posición a favor del régimen. En Pamplona se unirá al grupo Jerarquía. Y publicará textos en la revista «Escorial», la única vena intelectual que sobrevive en la España nacional.
Sus primeras novelas, «Javier Mariño», «El Golpe de estado de Guadalupe Limón» e «Ifigenia», pasan inadvertidas. A continuación, se suceden quince años dando clases en la Escuela de Guerra Naval de Madrid. A partir de entonces empieza a ejercer el periodismo de colaboración y la crítica teatral con cierta asiduidad. Hace viajes a París y a Londres, en una época en la que no es fácil seguir las nuevas corrientes literarias que se movían por Europa. Son momentos de censura y también de autocensura para los propios escritores. Torrente vive una fuerte crisis creativa pero, como él mismo afirmó, una rabieta fue el origen de su maravillosa trilogía, «Los gozos y las sombras».
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La venida de Carlos Deza a Pueblanueva del Conde, si bien se considera, no fue venida, sino regreso.
«El señor llega»
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El primer título de esta trilogía, catalogada como de realista o social —aunque convendría matizar esta afirmación— fue «El señor llega». Torrente se acababa de quedar viudo tras la muerte de su esposa Josefina Malvido y, junto a sus cuatros hijos, viaja a Mallorca. Que esta obra gane el premio de la Fundación Juan March es un giro inesperado pero muy necesario en su todavía débil carrera como escritor. Animado por el reconocimiento de este primer título, continúa la saga publicando «Donde da la vuelta el aire» y «La pascua triste». A su regreso de las islas Baleares, se vuelve a casar. Con su nueva esposa, Fernanda Sánchez-Guisande, tendrá otros siete hijos.
A comienzos de la década de los 60 Torrente pierde sus puestos de trabajo pero consigue que se le reintegre en el Cuerpo de Catedráticos de Instituto y se instala con su familia en Pontevedra durante dos años. No es una buen momento en lo literario. Su nueva obra «Don Juan» fracasa. Pero en 1965 le llega una invitación para ejercer de profesor de Literatura en la Universidad de Albany. La acepta y toda la familia se muda a los Estados Unidos. Allí va a ser un profesor popular que mantiene estrecho contacto con los alumnos. Reside en el extranjero pero publica «Off-side» en España, sin obtener éxito ni de crítica ni de público. Unos años después vuelve a España ante la inminente muerte de su madre y por motivos de educación de sus hijos más pequeños.
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Llegamos así al año 1972, un momento clave en este repaso histórico, porque aquí se publica su gran éxito, «La saga/fuga de J. B.», consagración definitiva de Torrente como escritor. Éxito de crítica —se convierte en el renovador de la escena literaria española—, éxito de público —crecen exponencialmente sus admiradores. Es tal la revalorización del escritor, que Alianza reedita la trilogía de «Los gozos y las sombras». Y nuestro protagonista decide continuar la senda de lo fantástico abierta con «La saga/fuga de J. B.» añadiendo los títulos «Fragmentos de Apocalipsis» y «La isla de los jacintos cortados».
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En su carrera como crítico y periodista podemos diferenciar varios momentos. De los comienzos, en los años 30, reflejo de sus ideas falangistas, está el ensayo «Razón y ser de la dramática futura». Doce años más tarde, su libro sobre Historia de la Literatura contemporánea en España, seguido de otro sobre Teatro español contemporáneo. Bastante tiempo después, en 1975, publica «El Quijote como juego». En Radio Nacional cuenta con un programa llamado Preguntamos al crítico por el estreno. Y en prensa escrita, su firma pasó por La Tierra, Jerarquía, Tajo o Escorial, hasta que en su madurez llegaron las colaboraciones fijas tituladas «Cuadernos de la Romana» y «Torre del aire» en el diario Informaciones.
De época de madurez creativa es también la recopilación de textos, ideas y cuentos, «Las sombras recobradas». Corre el año 1979 y Torrente ya es miembro de la Real Academia Española (RAE). Su discurso de ingreso en la RAE, «Acerca del novelista y su arte», lo lee en 1977 y recibe contestación de Camilo José Cela.
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En los años 80 publica nuevos títulos, como «Yo no soy yo, evidentemente» y «Crónica del Rey Pasmado». Desde hace un tiempo vive instalado en Salamanca, donde morirá en 1999, a los 88 años de edad, después de un cuarto de siglo residiendo en la ciudad dorada. El Café Novelty de la Plaza Mayor le recuerda con una escultura en el interior del establecimiento. El emotivo entierro del escritor ferrolano tuvo lugar en su Serantes natal, con Carlos Núñez a la gaita interpretando «Negra sombra».
Torrente Ballester, a pesar de su vocación tardía y de lo tardía que fue también su consagración, recibió los más altos galardones: el Premio de la Crítica (1972), el Premio Nacional de Literatura (1980), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1982) y el Premio Cervantes (1985).
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La exposición «Gonzalo Torrente Ballester, la travesía de un creador» está dividida en cinco secciones que llevan por título el nombre de las ciudades que fueron relevantes en la vida y la carrera del escritor: Ferrol, Madrid, Pontevedra, Albany, Vigo y Salamanca. No sólo objetos personales y publicaciones son interesantes en esta exposición. La faceta fotográfica y cinematográfica de Torrente está muy presente: sus cámaras, su magnetófono e imágenes tomadas por él mismo. También se proyecta sobre una pared el documental «GTB x GTB». Y una curiosidad: ¿por qué se repite como icono en toda la muestra una jarra de té? Por su afición personal a esta bebida. En el último espacio de la exposición, cerramos la visita con la relación del escritor con otras grandes figuras de las letras españolas.
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BIBLIOGRAFÍA
Giménez, A. (1981). Torrente Ballester. El autor y su obra. Barcelona: Barcanova.
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ENLACES
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